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domingo, 21 de abril de 2019

UN VIDEO QUE TE GUSTARÁ

¿TE ATREVES A SOÑAR?


Cuando entre clase y clase nos damos un respiro (en el recreo, en el patio, a veces en la cafeta, a la salida o pocas veces en el mismo salón) surgen algunas preguntas que nos ponen nerviosos o nos preocupan. Una de ellas es respecto a cómo será nuestro futuro. ¿Lograremos ser mejores de lo que actualmente somos?, ¿qué puedo hacer para ser mejor, para superarme? , ¿cómo ser un hombre o una mujer exitoso o exitosa?, ¿sigo estudiando o solo me dedico a trabajar? .

Y es que siempre nos acompaña lo que los filósofos llaman la "angustia existencial", entre otras cosas, nos preocupa qué hacer con nuestras vidas, saber cuál es nuestro propósito en este mundo.

Comparto con ustedes este vídeo que quizás los pueda ayudar un poco en esa búsqueda y en las respuestas a sus preguntas. Llegó a mí por una docente colombiana a la que desde aquí agradezco por compartirlo.


miércoles, 16 de enero de 2019

LA TORTUGA Y LA ARGOLLA

Comparto con ustedes un hermoso -y reflexivo- cuento hindú. Espero les sirva.


LA TORTUGA Y LA ARGOLLA


Era un sabio tan viejo que nadie en la localidad en la que vivía tenía ni idea de su edad. Él mismo ya la había olvidado, entre otras razones porque había trascendido todo apego y ambición humana e incluso había trascendido la noción del tiempo. 

Estaba un día sentado bajo una higuera, con la mirada fundida con el horizonte y la mente quieta y despejada como un cielo sin nubes, cuando escuchó a lo lejos unas pisadas. Al dirigir la vista hacia allí pudo ver como un joven estaba echando una cuerda alrededor de la rama de un árbol y enlazaba uno de sus extremos a su cuello. Rápidamente dedujo cuáles eran las intenciones del joven y, a pesar de su decrépito cuerpo, se incorporó de súbito y corrió hasta donde estaba el joven, rogándole que desistiera de su propósito.

- No veo motivo para ello- dijo adustamente el joven.

- Tienes la eternidad por delante, amigo, así que concédeme al menos un par de minutos. Escúchame.

-Si es sólo eso..- dijo el joven disciplinadamente. 

Anciano y joven se sentaron en el suelo. Los ojos sosegados del anciano se clavaron en los atormentados ojos del muchacho. El cielo se había teñido de naranja y oro.

El sabio se expresó así:

- Te voy a pedir algo, querido mío. Imagina una tortuga, una sola, en el inmenso océano, y que esta tortuga sólo saca la cabeza a la superficie una vez cada millón de años para respirar.

Imagina asimismo un aro flotando sobre el agua del descomunal océano.

Pues bien, querido amigo, mucho más difícil que el que la tortuga introduzca la cabeza en el aro al sacarla cada millón de años, es el haber obtenido forma humana.Y ahora, muchacho, procede como tú creas conveniente.

Todavía está en boca de los lugareños que aquel joven llegó a la ancianidad y se hizo muy sabio.